Han pasado más de ochenta años desde que el Autòdrom Terramar viviera su edad de oro bajo el auspicio del conde Morawitz. En todo este tiempo, el circuito ideado por Frick Armangué ha pasado por distintas manos y ha conocido múltiples usos que abarcan mucho más que el aspecto meramente automovilístico. Hoy, desvelamos las claves que hicieron del Autòdrom Terramar lo que es ahora.  
 
Puede que la gran mayoría no sepa que el Autòdrom Terramar no alberga una carrera desde 1956, y que, por insólito que pueda resultar, gracias a este hecho el Autòdrom se ha mantenido prácticamente intacto a lo largo de todos estos años. Para entender como es esto ha sido posible, debemos remontarnos hasta finales de los años 1930. Por aquel entonces el Autòdrom Terramar pertenecía al conde Edgar Ritter von Morawitz, un acaudalado aristócrata austríaco bajo cuya administración el circuito vivió su edad de oro. Durante este período, cabe hacer especial mención a las carreras entre coches y avionetas organizadas por el conde, que causaron furor entre la burguesía barcelonesa. Sin embargo, el estallido de la guerra civil española congeló la actividad del circuito, y la prematura muerte del conde en 1945 llevó a la familia a desentenderse del proyecto, pasando éste a manos de un intermediario que lo vendería varios años después.
 

 
En 1956 un adinerado empresario que volvía de Chile compró los terrenos con el objetivo de establecer una explotación avícola. Lo que ese indiano desconocía es que, con dicha decisión, salvaría una de las piezas arquitectónicas más emblemáticas del panorama automovilístico europeo. Así es, la ausencia de competición así como el uso de la pista como muladar del sobrante de la explotación impidieron el desgaste del cemento, manteniendo el circuito prácticamente intacto. Al negocio avícola lo siguió el ostracismo al cual se ha visto condenado el Autòdrom a lo largo de las pasadas tres décadas, hecho que, una vez más, ha contribuido sobremanera a su preservación. El compromiso y el empeño de varias generaciones de propietarios han permitido que el Autòdrom Terramar se haya ganado, de forma merecida, la credencial de circuito oval “más antiguo del mundo que no ha sido reformado o modificado en modo alguno desde su inauguración en 1923”.
 
Qué será en adelante del Autòdrom Terramar es una cuestión que trataremos en otro momento…