En nuestro proceso de investigación de la historia del Autòdrom Terramar, hoy nos vamos hasta la línea de salida para descubrir una de esas joyas olvidadas del circuito, el Clot dels Frares.  

Muy poco es lo que sabemos acerca de los primeros días del Clot dels Frares. Las primeras referencias escritas del lugar datan del siglo XIV. Sin embargo, la construcción de la masía y la torre adyacente se sitúan entre el s.XV y el s.XVI. Fue precisamente a lo largo de esa época en la que el emplazamiento recibió el nombre de “Clot dels Frares”, Foso de los Frailes, dado que el edificio perteneció a la Compañía de Jesús. Sabemos, además, que la orden religiosa utilizó la masía como un lugar de receso para sus miembros de mayor edad. Tras varios siglos bajo el control de la orden fundada por san Ignacio de Loyola, el vínculo que unía el lugar con la comunidad religiosa llegó a su fin a principios del siglo XX, fecha en la que, el mosén al cargo del Clot dels Frares lo vendió a Francesc Armengol, promotor del Autòdrom Terramar, cuyas obras se iniciarían en 1922.

A modo de anécdota, un túnel subterráneo conecta el torreón del Clot dels Frares con algún punto cerca de la línea del litoral, un recurso muy habitual en las estructuras defensivas de la época.

En adelante, y preservando en todo momento el valor histórico del emplazamiento, la empresa al frente del proyecto de revitalización del Autòdrom Terramar prevé restaurar el espacio.