En nuestro proceso de investigación de la historia del Autòdrom Terramar, esta semana viajamos hasta la curva norte, a Can Sidós, el punto más elevado del circuito.

A varios metros de la entrada a la curva norte, nace un pequeño camino de tierra rodeado de albaricoqueros que conduce hasta le entrada de una imponente masía de estilo ampurdanés, Can Sidós. A pesar de que sabemos poco acerca de su construcción, el estilo y materiales utilizados nos dicen que fue construida en el siglo XVIII y que fue sometida a una ampliación en el siglo XIX. Desde la edificación, construida parcialmente sobre la colina que corta la curva norte del circuito, se tiene una excelente vista panorámica del mismo, razón por la que históricamente se ha ganado el apelativo de “el mirador”.

La masía fue utilizada como aparcería del Clot dels Frares durante varios siglos. Los toneles y los distintos utensilios hallados en el sótano indican que, durante la administración jesuita de la finca, ésta fue una explotación vinícola. Después de que Francesc Armengol comprara los terrenos a principios de los años veinte del siglo pasado, la masía quedó deshabitada. No fue hasta mediados de los 1950 en que volvió ser ocupada por la familia propietaria de la explotación avícola. Desde entonces ha permanecido habitada…

Igual que con el Clot dels Frares, en adelante, y preservando en todo momento el valor histórico del emplazamiento, la empresa al frente del proyecto de revitalización del Autòdrom Terramar prevé restaurar el espacio.