Es inevitable que un espacio con la historia del Autòdrom Terramar sea, en ocasiones, fuente de las más sonadas e hilarantes leyendas populares. Así, desde mediados de los años 1920, todo amante del automovilismo que se precie no puede evitar hablar del famoso “bacio della morte” al admirar los peraltes del Autòdrom Terramar. 

De acuerdo con la leyenda, Tazio Nuvolari (Castel d’Ario, 16 de noviembre de 1892-Mantua, 11 de agosto de 1953), célebre piloto italiano de automovilismo y motociclismo que entrenaba de forma asidua en el Autòdrom Terramar, quedó prendado de una joven sitgetana (algunos dicen que se trataba de la hija del propietario del antiguo Hotel Terramar) a la que, en una ocasión, invitó a acompañarla a uno de sus entrenamientos en un Chiribiri biposto.

Tras varias vueltas y en vista de que la joven empezaba a aburrirse, Nuvolari la invitó a subirse al Chiribiri para dar algunas vueltas con él. Cuando el coche se encontraba en el punto más elevado de la curva norte, Nuvolari soltó el volante y le dio un beso a la chica, que al rato volvería a casa visiblemente molesta, acusando al piloto de haberla intentado matar. Lo que la joven desconocía es que la fuerza centrífuga generada al tomar la curva a una velocidad elevada, permite que el coche sea ingobernable sin riesgo a sufrir un accidente…

Desde entonces no son pocos los visitantes que se han acercado al Autòdrom Terramar dispuestos a emular la ocurrencia del que fuera vencedor hasta en dos ocasiones de la Mille Miglia, sin embargo el estado actual de la pista no lo permite a menos que se realice en espacios controlados y bajo la supervisión de profesionales.